Es tan confusa y hermosa la maravilla de la avispa.
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El planeta más grande que ví tenía forma de laberinto
Por momentos me nublo y mi solcorazón no puede salir por los fantasmas del futuro.
La primera vez que te extrañé, las lágrimas se me llenaron de pupilas y el bosque era bosque, y yo era yo. Abajo en la cuidad todo corre hacia sí mismo, todo se marchita. Te grité tequiero sin decírtelo, muy alto desde las ramas quebradizas. Mi alma estaba tan inestable que me distraían las estrellas y me enojaban los tábanos. Lo urbano estaba ahora tan distante; que si hubiera estado dentro de él, no me hubiera dado cuenta. Las ramas se hacían cada vez, más estrechas cuando yo decía tequiero sin pronunciarlo con voz. Nadie entendia el lenguaje de oso, salvo los osos, y las ramitas.